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Hagudah Latinoamericana en Israel ”ubhyk
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Parasha
“Mishpatim”
Como construir con amor Nuestra sección semanal comienza con estas
palabras: “Estas son las leyes que dispondrás delante de ellos”. En este
versículo, Hashem ordena a Moshé concerniente a las leyes que dispondrá
delante del pueblo judío. El conocido comentarista Rashi explica cual es el
motivo por el cual la sección anterior a la nuestra, es decir, Itró concluyó
hablando del altar, e inmediatamente a continuación se mencionan las leyes,
es para enseñar, que el tribunal de justicia debe estar junto al Santo
Templo, precisamente al lado del altar, del mismo modo como estos temas están
próximos en la Torá uno del otro. 1Y
bien es sabido, que cuando el Santo Templo estaba en pie, allí se ofrecían
sacrificios sobre el altar, y eso generaba la expiación de nuestras faltas,
pero ahora que eso no es posible, porque el Templo aun no ha sido
reconstruido, ese efecto se consigue a través de nuestra propia mesa, pues la
misma es comparada al altar, como versa en Iejezkel 41: 22: “El altar de
madera será de tres codos de alto, y su ancho dos codos... esta es la mesa
que está delante de Hashem”. El versículo comienza hablando del altar y
concluye con la mesa, esto infiere lo que explicamos, es decir, que cuando el
altar existe, él expía nuestros pecados, pero cuando no es así, esa función
la realiza nuestra mesa, pues si en vez de comer apresuradamente, procedemos
como es debido, es decir, permaneciendo sentados platicando con las demás
personas palabras de Torá, en ese interín, es probable que golpee la puerta
un necesitado, y le podremos convidar, y no debemos olvidar, que dar a los
demás es hacer justicia, y eso protege la vida, como versa en Proverbios 10:
12: “Dar a los demás salva de la muerte”. Es por esto, que debemos aprender a comportarnos
adecuadamente cuando estamos sentados a la mesa, pues como dijimos, la misma
es comparada al altar y además cumple la función del mismo, sumando que en la
Torá, este tema está próximo a la sección de los juicios, esto es, las leyes
a aplicar en los mismos, por tal razón, es menester saber aprovechar esta
oportunidad, que se da mientras compartimos la comida con la familia o
amigos, para que nuestras vidas se desarrollen en un ambiente ameno y
cordial, y nuestro estado de ánimo durante el día sea el apropiado. El modo correcto de proceder fue enseñado por los
sabios, y se halla a disposición de todo aquel que quiera aprender acerca del
asunto en el compendio general de leyes
(Shulján Aruj: “Oreaj Jaim”), capítulo 170. Por ejemplo, en el inciso 15, explican que no se
puede morder un alimento, y luego, lo que quedó del mismo colocarlo sobre la
mesa o en la bandeja central de la cual todos toman, pues no todas las
personas piensan del mismo modo, (hay quienes no tolerarán esta acción, y les
causará repulsión y a otros no les interesará, por eso debemos abstenernos en
toda ocasión de proceder de este modo, para no perjudicar a nadie). Como esta, allí mismo se especifican las normas
indispensables para que el individuo pueda compartir su mesa con los demás,
disfrutando de la comida, y sin generar a los otros ningún disgusto. Continuando con nuestro versículo, que mencionamos
con el que comienza nuestra sección semanal, y que mencionó: “Estas son las
leyes que dispondrás delante de ellos”, esta última parte del mismo: “que
dispondrás delante de ellos”, enseña que Hashem dijo a Moshé: “No se te
ocurra pensar: les enseñaré un capítulo, o una ley dos o tres veces, hasta
que se habitúen a la misma, y no me molestaré en explicarles el motivo y su
interpretación. Es por eso que versa: ‘que dispondrás delante de ellos’,
explicarás el concepto de manera semejante a una mesa servida preparada
delante de la persona para que coma, en la cual ya todo está listo y
preparado”. Y a partir de esta gran disposición, se generó el
sistema de enseñanza que debería utilizarse para transmitir al pueblo la
palabra de Hashem a todas las generaciones a través de los sabios y maestros
capacitados de cada época. 2En
principio, Moshé estudiaba directamente de Hashem, luego ingresaba Aharón, y
su hermano Moshé le enseñaba lo que había aprendido; tras la clase, Aharón
tomaba su lugar sentándose a la izquierda de su hermano. Ingresaban los hijos
de Aharón, y Moshé les enseñaba, luego, Elazar, que era el hijo mayor de
Aharón, se sentaba a la derecha de Moshé, mientras que Itamar, el segundo
hijo, tomaba su lugar a la izquierda de su papá. (Aunque Rabí Iehuda sostiene
que cuando sus hijos acabaron de recibir la clase, Aharón se levantaba y se
ubicaba a la derecha de Moshé, pues sentarse a la derecha es más honorable). Luego ingresaban los ancianos y Moshé les enseñaba.
Posteriormente, lo hacía todo el pueblo, y el líder judío disertaba delante
de la multitud para instruirlos acerca de las leyes de Di’s. Tenemos que Aharón escuchaba la clase cuatro veces,
sus hijos tres, los ancianos dos, y el pueblo una. Procedía entonces Moshé a retirarse, y Aharón
enseñaba, completándose la cuarta vez que sus hijos escuchan la lección, ya
que en tres ocasiones lo hicieron de boca de su tío Moshé, y ahora la
escucharon de su propio padre. En ese momento, Aharón se retiraba, y sus hijos
daban la clase, completándose cuatro veces en que los ancianos escuchaban la
lección, ya que habían escuchado dos veces de Moshé, luego una vez de boca de
Aharón, y ahora una vez por parte de los hijos de este. Se retiraban los hijos de Aharón, y los ancianos
enseñaban, la que sería la cuarta vez que el pueblo escucha la lección, pues
una vez oyeron de boca de Moshé, luego de Aharón, posteriormente de los hijos
de este, y por último atendieron a la disertación de los ancianos. De aquí dedujo Rabí Eliezer,
que el maestro debe enseñar a su alumno la lección cuatro veces, aunque Rabí
Akiva, fue más allá y sentenció que debe reiterar sus enseñanzas hasta que el
discípulo pueda captar; aprendiendo esto del versículo con que comienza
nuestra sección semanal: “Estas son las leyes que dispondrás delante de
ellos”; y la ley es establecida acorde a esta sentencia. Se cuenta en el Talmud
(Eirubin 54b), que Rabí Freida poseía un alumno al que debía repetir la
lección cuatrocientas veces, recién entonces captaba lo que su maestro
enseñaba. En una ocasión, el Rabí fue
requerido para solucionar una cuestión urgente, para lo cual debía asistir al
mercado por lo que comunicó a su alumno que luego de la clase debía
retirarse. Rabí Freida comienza la clase,
reitera la lección una y otra vez con la usual paciencia y entrega que lo
caracterizaba, y cuando se hubieron cumplimentado las cuatrocientas veces,
como era habitual, pregunta a su alumno si entendió la lección. El muchacho responde que no.
Motivo que moviliza al Rabí a indagar acerca del motivo por el cual esta vez
no comprendió, si en todas las demás oportunidades luego de cuatrocientas
veces, el tema quedaba claro en su discípulo. El joven explica, que durante
el transcurso de la totalidad de la clase estaba preocupado pensando: “Quizá
ahora el maestro se levanta y se va!”. Por tal razón, no se pudo concentrar y
le fue imposible captar las enseñanzas del Rabí. Rabí Freida no lo dudó, dejó
de lado aquello que debía realizar, y le comunica a su alumno que preste
atención porque le volverá a enseñar la lección. Así, con mucha paciencia,
reiteraba una y otra vez el tema que estaban estudiando, hasta que se
completaron otras cuatrocientas veces. Luego de esto, salió una voz
que decía: “¿Prefieres que se te incrementen cuatrocientos años de vida, o
que tú y toda tu generación ingresen al mundo venidero?”. Rabí Freida responde con total
decisión: “Que ingrese yo y toda mi generación al mundo venidero”. Dijo Hashem: “¡Denle ambas
cosas!”. Y como dijimos, la ley se
estipuló acorde a lo que mencionamos en nombre de Rabí Akiva, pues así
hallamos en las palabras de Rambam, que luego serían incorporadas al código
legal: “Aquel maestro que enseñó, y los alumnos no comprendieron, que no se
encrespe con ellos, ni se exaspere, sino que debe reiterar la lección
inclusive varias veces, hasta que comprendan la profundidad de la ley. Además,
es incorrecto que el alumno diga: ‘¡Comprendí!, cuando en realidad no
entendió, sino que debe preguntar las veces que sea necesario’. Y si su
maestro de todos modos se irrita, que el aprendiz le explique de buen modo,
que necesita estudiar”. Asimismo, el alumno no debe
avergonzarse porque hay otros compañeros que entendieron la lección desde la
primera vez, o la segunda que el maestro explicó, mientras que él no lo puede
conseguir sino al cabo de reiteradas veces, pues si se avergüenza de esto,
resulta que ingresa y se retira de la casa de estudio sin aprender nada. Por
esto dijeron los sabios: El vergonzoso no puede aprender, y el que es
riguroso no puede enseñar. Aunque el maestro debe estar atento y controlar a
sus alumnos para que sean sinceros y no engañen pretendiendo que no
comprendieron, cuando en realidad si lo hicieron, solo que desean holgazanear
y detener el ritmo de la clase”. Retomando lo que mencionamos arriba, es decir, que
Hashem enseñaba a Moshé, y este a Aharón, a sus hijos, a los ancianos, y a
todo el pueblo. Cuando se acercaba el momento en que el líder judío que los
había guiado desde Egipto hacia la libertad, y ahora les enseñaba como
conducirse en sus vidas, y como comportarse en sociedad llegando el momento
en que debía devolver su alma al Creador, era menester nombrar un sucesor
para que continúe con la conducción y las enseñanzas, pues es fundamental que
el pueblo cuente con un líder
espiritual, de lo contrario, la unidad del pueblo correría alto riesgo de
ruptura. Ante la necesidad de nombrar un reemplazante en el
cargo, Hashem comunica a Moshé: (Bemidbar 27: 18): "Dijo
Hashem a Moshé: toma para ti a Ieoshúa hijo de Nun, varón que hay espíritu en
él. Apoyarás tu mano sobre él y lo pondrás delante de Elazar el sacerdote y
delante de toda la congregación, y lo ordenarás ante sus ojos, y darás de tu
esplendor sobre él para que escuche toda la congregación de Israel" “Toma para ti”, 7es una expresión que no suele utilizarse
entre personas, sino con objetos: ¡Toma el libro!, ¡Toma la pluma!, etc. esto
nos viene a enseñar que Hashem le indica que lo tome a través de elementos,
es decir, que lo adquiera como amigo. De aquí aprendieron los sabios que la
persona debe adquirir para si un amigo a través de cosas también materiales,
y que comparta con él horas de estudio, lectura, comida y bebida, y además
revele sus confidencias a este auténtico compañero que ha logrado con
esfuerzo. 3Además, la expresión: “Toma para ti” se debe a que Moshé pretendía entregar el comando del
pueblo a su hermano Aharón, caso semejante a un niño que se quema con una
braza, (figurativamente se refiere a las personas con las que tropezó Moshé a
lo largo de su gestión al frente del pueblo de Israel), ve una piedra
preciosa y cree que es una braza (por Ieoshúa, quién figurativamente era una
piedra preciosa), ve una perla, cree que es una braza. Así erró Moshé el
camino y dijo: “Que Aharón vaya en mi lugar”, cuando debería haber dicho:
“Ieoshúa vaya en mi lugar”. También en algún otro momento se cruzó por la mente
de Moshé que alguno de sus hijos heredaría la presidencia, por lo que comenzó
a pedir a Hashem que nomine a su sucesor; a lo que el Creador respondió:
“¡Moshé, no es como tú piensas!, no serán tus hijos los que heredarán el
cargo, sabes muy bien que incansablemente te sirvió Ieoshúa, y tremendos
fueron los honores que te brindó, madrugaba para estar en la sala de
conferencias a fin de preparar todo y ordenar las esterillas y las alfombras
donde se sentaba la gente, y luego se quedaba para arreglar el desorden hasta
la caída de la tarde. Es correcto que se cumpla en él este proverbio: (Proverbios
27) “Aquel que se ocupa de la higuera, que coma su
fruto, y el que cuida de su amo, sea honrado” La continuación del versículo con el que Hashem
encomienda a Moshé nominar su sucesor es: “varón que hay espíritu en él”: es decir, varón que hay en él un
espíritu digno de conducirse con cada uno según sus propios espíritus: con el
calmo, acorde a su temperamento, con el efusivo de igual manera, etc. entender
a todos y dirigirse a ellos de acuerdo a la necesidad de su carácter
particular. “Y apoyarás tu mano sobre él”, otórgale ahora todo lo necesario para que
pueda enseñar en público y responder a las inquietudes de la gente. Y haz que
lo respeten, pues de lo contrario, cuando ya no estés en este mundo, la
multitud podrá decir: “Mientras Moshé, su maestro, vivía no hacía esto, ¿y
ahora que falleció él es nuestro líder y se sienta en lugares
preferenciales?. “Y lo pondrás delante de
Elazar”: inclusive Elazar, la
máxima autoridad sacerdotal en ese momento, estaría subordinado al liderazgo
de Ieoshúa. Sin embargo, como consecuencia de la tristeza interior en la que
estaba inmerso Moshé por causa que ninguno de sus hijos heredaría el mandato,
esto provocó que Hashem le diga: “Los hijos de tu hermano Aharón, son como
tuyos propios, y también a quién Yo estableceré como principal conductor de
Israel, irá y se parará delante de la puerta de Elazar, tu sobrino”. Esto se parece al caso de cierto rey, que no tenía
de su propia sangre herederos capaces, con cualidades, personalidad y
temperamento apropiados para proseguir el mandato, motivo por el que otorga
el poder a uno de sus fieles, pero le aclara que pese a ser ahora el líder,
deberá presentarse y pararse en ciertas ocasiones frente a la puerta de su
hijo. Así ordenó Hashem a Ieoshúa con respecto a Elazar, hijo del hermano de
Moshé. “Y darás de tu esplendor sobre
él”: “Darás de tu esplendor” y
no “todo tu esplendor”. El rostro
de Moshé resplandecía como si emanase rayos similares a los del sol, ya que
en el Monte Sinaí había recibido tal presente, y de ello cedería a Ieoshúa;
por lo que los ancianos de antaño dijeron: “El rostro de Moshé se asemejaba
al sol, y el de Ieoshúa a la luna” (ya que recibió de la luminosidad de Moshé, así como la luna recibe de la
luz del sol). Se cita otro ejemplo: que Moshé era como una
antorcha, capaz de encender varias candelas sin que su resplandor y fuerza
aminoren en absoluto; así, pese a entregar de su sabiduría, de todas maneras
no cesó un céntimo de la suya propia. Así Ieoshúa recibió la Torá de Moshé, y enseñó y
guió al pueblo cuando su maestro hubo perecido, pero también Ieoshúa debía
seguir el camino de los humanos, por lo que fue necesario que entregue sus
conocimientos a sus sucesores, y estos fueron los ancianos de Isarel. En los días de Moshé
existían setenta ancianos, los cuales recibían las enseñanzas de este y las
transmitían a la multitud. Sin embargo, Ieoshúa prefirió entregar la Torá a
otros ancianos que eran los que constantemente procuraban que las sentencias
judiciales dictaminadas sean cumplidas, persiguiendo y arrestando a los
infractores hasta lograr el acatamiento de la ley. Y esto es reflejado en el
versículo: (Jueces 2: 7) ”Y
sirvió el pueblo a Hashem todos los días de Ieoshúa y todos los días de los
ancianos cuyos días se prolongaron
después de Ieoshúa”. 4Estos entregaron la Torá a aquellos que
actuaron similarmente en cada generación como Atriel, este a Eud, y así el
resto de los jueces que siguieron hasta que alcanzó la profecía Eli el
sacerdote y Shmúel. Y los detalles de estos
hechos pueden apreciarse claramente en el “Libro de los Jueces”, donde se
explican todos los sucesos con lujo de detalles. Por ejemplo, (en Jueces
3: 9) se cita que luego de ocho años de ser esclavos Israel
de “Kushán Rishataim”, rey de “Aram Naraim”, tras haberse alejado el pueblo
del camino que Moshé les había enseñado, clamaron a Hashem, Quien les envió a
Atniel hijo de Kenaz para que los salve, pues derrota a “Kushán Rishataim” y reinó nuevamente la
paz sobre Israel por cuarenta años, ya que Atniel juzgó al pueblo en ese
tiempo, y sobre él fue dicho que (Jueces 3: 10) “Poseía espíritu de Hashem”. Esto se prolongó por el lapso que dijimos, tras lo cual
abandona Atniel este mundo y el pueblo vuelve a pervertirse, por lo que son
sometidos en manos de Eglón, rey de Moab, a quién sirven por espacio de
dieciocho años. Vuelven a clamar a Hashem, quién les envía a Eud, que elimina
a Eglón y se convierte en juez de Israel por un lapso de ochenta años. Así se
reitera la historia una y otra vez, el juez perece, el pueblo se pervierte,
son sometidos por otro reinado, claman a Hashem, Este les envía un salvador
que se convierte en juez de la nación y maestro espiritual, ya que son los
ancianos que citamos, que generación tras generación se traspasaron la
Torá hasta llegar a la época de los
profetas. Comienza el periodo en el
que surge Eli el sacerdote y Shmúel, a través de quienes retorna la profecía
al pueblo, tras un largo interín, desde el deceso de Moshé. 5Fue
cuando hubo envejecido Shmúel, que nominó a sus hijos como jueces para que
ejerzan en su lugar. Sin embargo, estos se apartaron del camino de Hashem, y
no actuaron con rectitud, recibiendo entre otras cosas, dinero ilícito por
parte de los acusados o acusadores a fin que dictaminen la sentencia tornando
el veredicto a su favor. Motivo este por el cual se congregan todos los
ancianos y solicitan a Shmúel un rey para que juzgue al pueblo, como tienen
todas las naciones. Este accede, y por orden de Hasehm 6asume
Shaul hijo de Kish, de la simiente de Biniamín, quién se convierte en el
primer rey de Israel. Durante su gestión
sobreviene el desafío de Goliat, 7quién era poseedor de una tremenda
contextura física, ya que su estatura rondaba los tres metros, además
utilizaba casco de cobre, una muy pesada armadura compuesta por escamas de
hierro, similares a las de los peces que protegen todo su cuerpo permitiendo
a su vez movilidad. Sus piernas estaban resguardadas por botas altas de cobre
y su cuello por un agregado del mismo metal que salía del casco y se
deslizaba por los hombros. Además estaba fuertemente armado y sostenía un
gran escudo para mayor seguridad. Su imagen provocaba pánico entre la multitud. Así decide que consigan
un contrincante para él, quien en caso de resultar vencedor, causaría que su
pueblo (los filisteos) serviría a Israel; de lo contrario, si Goliat derrota
a su contrincante, Israel sería el esclavo. Buscan quién pueda
enfrentar al gigante, y se postula David, hijo de Ishai, quién es rechazado
por el rey Shaul, haciendo alusión a que es demasiado joven y carente de
condiciones para triunfar en la batalla. David apela y relata al
primer mandatario parte de sus hazañas, le informa de su trabajo como pastor
del rebaño de su padre, y acota que en cierta ocasión “vinieron un león y un
oso. Tomó (el león) una oveja del rebaño,
salí detrás suyo – relata David - y la rescaté de su boca, entonces se
abalanzó contra mi, lo tomé por sus barbas, lo golpeé y terminé con su vida.
También al oso 8con sus dos crías y los dos cachorros del
león golpeó tu siervo; y será ese filisteo incircunciso como uno de ellos (en
mis manos), con la ayuda de Hashem”. Tras este relato, el rey
cambia de opinión y sentencia: “¡Ve, y que Hashem esté contigo!”. El monarca otorgó al
desafiante un casco de cobre, armadura, y todo lo necesario para el combate.
Sin embargo, el joven vio que todo este armamento era muy pesado y desistió de
vestirlo, tomó su bastón de pastor, algunas piedras finas y lisas del arroyo,
su mochila y una honda. Así se acercó a la contienda. Goliat subestimó al
muchacho, pues era joven y de bello aspecto, lo cual indicaba que no tendría
experiencia en batallas. Le dijo “¿Soy acaso un perro que vienes hacia mi con
un palo?”. Lo maldijo y agregó “Ven hacia mi y daré de tu carne a las aves de
los cielos y a los animales del campo”. El joven replicó: “Tu
vienes hacia mi con espada y armadura y yo vengo hacia ti en el nombre de
Hashem. En este día te encerrará Hashem en mi mano, te golpearé, separaré tu
cabeza de sobre ti y daré de tu cuerpo a las aves de los cielos y a los
animales del campo. Y sabrá toda la tierra que existe Hashem, el Di-s de
Israel”. Finalmente ocurrió como
dijo, David insertó con su honda una piedra en la sien de Goliat, este cayó,
el muchacho tomó la espada del filisteo, le cortó la cabeza y la llevó a
Jerusalem. Luego de estos hechos, la
multitud comenzó a alabar más a David que al rey y este, por celos, intentó
liquidarlo en varias ocasiones. Hasta que finalmente Shaul abandona este
mundo y toma el poder el vencedor de Goliat9
a la edad de treinta años. Muchas guerras
concluyeron con el triunfo del nuevo monarca de Israel, quién no se apartó
del camino de Hashem. Le nació un hijo al que llamó Shelomó, y al que ungió a
la edad de doce años. David reinó por espacio
de cuarenta años y falleció teniendo setenta. Luego asumió su hijo de tan
corta edad como primer mandatario del pueblo judío. El nuevo conductor de la
nación tomó como esposa a la hija del Faraón, rey de Egipto, y la trajo a la
ciudad de David, su padre hasta culminar la construcción de su propia
vivienda, la casa de Hashem (el Templo Sagrado) y la muralla de Jerusalem. Cierta noche se revela
Hashem a Shelomó en sueño y le expresa “Solicita que es lo que te daré”. El joven solo pide un
corazón apropiado 10para comprender como juzgar al pueblo, y
para discernir entre el bien y el mal – haciendo alusión a que aun es solo un
niño, y no ha acumulado la sabiduría (experiencia) que llega a través del
tiempo19. Hashem concede la
solicitud del mandatario y además agrega otros presentes a lo requerido por
el muchacho, como ser: una vasta riqueza y honores como jamás vio celebridad
alguna que pisó este mundo. Las facultades con las
que fue dotado el joven monarca surtieron efecto y se difundió su capacidad
por todo Israel. Esto a posteriori de una disputa entre dos mujeres poco
pulcras que llegan al rey para que juzgue cual de ellas tiene la razón. Relatan
que comparten la misma habitación y viven solas; y que cada una dio a luz un
varón, pero cierta noche una de las señoras despierta con uno de los recién
nacidos a su lado, sin vida. Entonces acusa a su compañera de haberle
cambiado el bebé. La cuestión es que las
dos madres reclaman ser la progenitora del que quedó vivo por lo que exigen
que se haga justicia. El rey Shelomó ordena
cortar al chico por la mitad y que le sea entregada una parte a cada una. Sin
embargo, antes que se haga algo, despierta el piadoso amor de la verdadera
madre, la cual ruega que no maten al niño, y prefiere que se lo entreguen a
la otra señora. Sin embargo, la otra
mujer solicita que se proceda a la ejecución del dictamen. Inmediatamente el premier
ordena que se restituya el bebé a su verdadera madre que es quién pidió
piedad. Tras escuchar la
sabiduría con la que resolvió el rey este pleito, todo el pueblo temió
delante del mandatario, pues apreciaron que hay en él comprensión proveniente
de Hashem para resolver cuestiones judiciales. Luego, cuando ya estuvo
bien afianzado en su gobierno, cuatro años después de haber asumido, culmina
la construcción de la casa de Hashem como le había encomendado su padre, el
rey David. Evento que tiene lugar 11cuatrocientos ochenta años después de haber
salido el pueblo de Egipto. Se cuenta una emocionante
historia alusiva que narra porqué el Sagrado Templo fue 12erigido en el monte Moriá: En ese preciso sitio,
existía un campo, cuyo propietario era además padre de dos hijos. Llega el
día en el que el alma del dueño del campo se separa del cuerpo. Es entonces,
cuando los herederos deben repartir la herencia. Uno de los hermanos piensa:
“Yo soy soltero, y no tengo muchos gastos; en cambio mi hermano es casado, con
hijos, y debe mantener su casa y la familia; no está bien que nos quedemos
con la mitad cada uno” – y le cedió su parte. El otro pensó: “Yo tengo
mi mujer, mis chicos, una vivienda confortable; en cambio mi hermano, no
posee estas alegrías, no es justo que nos repartamos la herencia en partes
iguales, por lo menos, que disfrute de esto” – y le otorgó su parte. Al escuchar esto el
conductor de Israel, emitió su veredicto: “¿Existe algo mejor que construir
la casa de Hashem en un sitio donde reina la hermandad?”. El templo fue inaugurado,
13el rey bendijo al pueblo y la celebración se
prolongó por espacio de siete días. Luego se conmemoró por otra semana
completa, la fiesta de las cabañas (Sucot), en la que se recordaba la salida
de Egipto. Al día siguiente, el
primer mandatario envió a la multitud, y estos bendijeron al monarca 14antes de emprender el retorno a sus tiendas. El rey Shelomó gobernó
por espacio de cuarenta años y luego,
a la edad de cincuenta y dos, descansó conjuntamente con sus padres y 15reinó su hijo Rejabam tras él. La casa de Hashem estuvo
en pie durante cuatrocientos diez años, muchos milagros sucedieron por esos
tiempos y muchas maravillas de Hashem podían ser apreciadas. Pero somos de
carne, y sangre corre por nuestras venas, por lo que no pudimos resistir la
tentación de ir tras los placeres y tentaciones terrenales, hecho que provoca
le sea otorgado permiso (por parte de Hashem) a Nabucadnetzar
(Nabucodonosor), para que se encargue de destruir el Templo y exiliar el
pueblo a Babel (Babilonia). Durante setenta largos
años, Israel sufrió las penas que sobrevinieron tras el destierro. Ya que no
solo debieron abandonar su tierra, sino también todas sus propiedades y
pertenencias. Y como si eso fuera poco, se vieron obligados a soportar el
yugo del gobierno de Nabucadnetzar rey de Babel. Al cabo de cuatrocientos
ochenta años desde el primero (cuatrocientos diez estuvo en pie y setenta
años de exilio), es construido el Segundo Templo a través de los hombres que
subieron de Babel al cesar la opresión. El día de Rosh Hashaná
(año nuevo), se congregó todo el pueblo judío en la calle que se hallaba
frente al portón de las aguas (Shaar Hamaim), y solicitan a Ezrá el sabio,
traer el pergamino arrollado que contiene la ley de Moshé ordenada por Hashem
a Israel. Así lo hace, lo lleva pasando por delante de mujeres y hombres,
para luego ascender a la tarima que habían preparado especialmente. Pronuncia
la bendición inicial, y el pueblo responde “Amén!, Amén!”. Posteriormente
comienza a leer y los entendidos explicaban a la multitud el contenido de los
versículos, tras lo cual estallaban en llanto, al recordar que habían pecado
contra Hashem; por lo que el profeta Nejemía, Ezrá y los Levitas
(descendientes de Levi, o sea auxiliares de los Cohanim), hacen saber al
pueblo que hoy es un día festivo (Rosh Hashaná) y no corresponde tristeza ni
luto, sino festejo y alegría; por lo que la gente se retira a celebrar la festividad de la mejor manera. Por ese entonces había
que reorganizar y establecer pautas para que la nación pueda conducirse de
manera apropiada, móvil que incentivó a Ezrá a constituir la Gran Asamblea,
integrada por ciento veinte funcionarios que se encargarían de todo lo
referente a la justicia y seguridad de los ciudadanos para un mayor bienestar
de la población. Todos los componentes de
este grupo eran eruditos y versados en las palabras de la Torá, motivo por el
que establecieron las tres principales bases para que la nación pueda
mantenerse: justicia, educación y cumplimiento de los preceptos. Estas bases
son representadas en los tres siguientes mensajes. Sean
circunspectos en el juicio, establezcan muchos
alumnos y hagan vallado a la Torá. Sean
circunspectos en el
juicio
Esto indica, que no deben los
jueces apresurarse a dictaminar el veredicto, sino que deberán investigar
profundamente el caso 16antes de emitir la sentencia final.
Esto es representado por el
versículo: (Iermía 21: 12 )“Casa de David, esto dijo Hashem: elaboren por la mañana
el juicio y salven al despojado de manos del ladrón”. Podríamos pensar que
nos viene a enseñar que los juicios se realizan solo en las primeras horas
del día (por la mañana), sin embargo, nuestros sabios explicaron que
el texto pretende darnos a entender que una vez que tenemos todo claro en
nuestras mentes como la mañana, recién entonces emitamos la resolución, de lo
contrario, abstengámonos de hablar, esto es: elaboren el juicio por la mañana17. También hallamos: (Proverbios 7: 4) “Dile a la sabiduría: ¡eres mi hermana!. Es decir, si el
caso está en tu mente tan claro como tu hermana (respecto a la cual sabes muy
bien que tienes prohibido por la ley casarte con ella, y eso lo tienes bien
claro), entonces habla, de lo contrario, calla18. Esto nos demuestra que debemos
ser pacientes antes de emitir opinión alguna, para en el momento de hacerlo,
estar bien seguros que hablamos lo correcto. Si apreciamos lo que dijo el
rey David, interpretaremos esta última conjetura de manera apropiada. (Salmos 75: 3) “Si me tomo un tiempo, entonces juzgaré rectamente”. Es
decir, 18un
tiempo fijo para poder indagar, analizar y sacar conclusiones correctas. Debemos comprender de aquí dos
cosas: una, que este mensaje de ser circunspectos en el juicio está orientado
hacia los hombres que ejercen el poder judicial en cada lugar y situación
particular. De todos modos, es nuestro deber aplicarlo también a nuestras
vidas, aunque no seamos integrantes del tribunal; y eso se consigue de esta
manera: Cada uno de nosotros
reiteradas veces al día elabora juicios y pronuncia su sentencia. Observemos por ejemplo este
acontecimiento: Reubén relata a Shimón haber visto a Abraham tomar un paquete
de galletitas del almacén, luego se retiró sin pagar y sin ser visto por el
cajero. Reubén sentenció que Abraham
robó e hizo partícipe del hecho a Shimón, quién ahora tendrá a Abraham como
sospechoso de apropiarse de cosas ajenas. Y ya fue dicho: quién habla
lenguaje perverso “lashón hará”, mata a tres personas: al individuo del cual
se está hablando, el mismo que lo está diciendo, quien atenta contra su
propia persona y el que escucha. Y sobre este último se dijo que es peor que
todos, ya que no reprendió al infractor por blasfemar contra su prójimo, pues
así sea verdad lo que hizo, está prohibido difamar a un hermano judío. Podemos apreciar que escuchar
blasfemias es más grave que quién las dice de la historia de Iob (Job), quién
como es sabido, era una persona recta y aparentemente no merecedora de
castigos, sin embargo observamos en el libro del Tanaj que relata su
historia, como este hombre recibe tremendos azotes: 19fallece
prácticamente toda su familia de manera repentina, pierde la gran fortuna que
poseía, y su cuerpo se plaga de enfermedades, lo que incentiva a los grandes
sabios a buscar una explicación, ya que nada es casual en este mundo. Analizaron, y hallaron que
cuando el Faraón decretó sobre los niños judíos que sean arrojados al río
Nilo, Job mantuvo silencio, no respondió estar de acuerdo ni en contra. Pasa el tiempo y trasciende la
noticia que los dos hijos más destacados de Aharón el Cohen pierden la vida
por haber acercado fuego extraño delante de Hashem20 Y los sabios
mencionaron cual fue el motivo esencial del trágico desenlace: Cuando el pueblo marchaba
hacia la tierra prometida por el desierto, lo hacían en este orden: a la
cabeza, Moshé y Aharón; tras ellos, Nadav y Abihu, hijos de Aharón; y más
lejos, toda la población. Nadav dijo a Abihu: ¿Cuándo
van a fallecer estos dos ancianos, así nosotros conducimos a la generación?. Esto provocó el desenlace
fatal ocurrido a los dos hijos de Aharón. Al escuchar Job que Abihu
también fue castigado por escuchar lo que su hermano blasfemaba, sin
reprenderlo, entendió que él también es propenso a recibir su merecido
después que mantuvo silencio frente al Faraón25. Por eso, quien escucha hablar
mal de su prójimo es cómplice y además culpable por no llamar la atención a
su hermano, ya que somos todos garantes uno por el otro. Cada uno de nosotros
es un miembro del mismo cuerpo proveniente de Adam el primer hombre, y bien
es sabido, que si a alguien le duele una muela, sufre la cabeza, la pierna, y
todas las secciones de su integridad física, pues son partes de un entero. Y
es este el motivo por el cual fue establecido el texto de las confesiones en
el libro de oraciones (“Sidur”), en
género plural. Pues si uno observa lo que está escrito allí, comprobará que
consta: hemos robado, hemos transgredido, hemos difamado, hemos pecado
premeditadamente, hemos dado mal consejo, etc. Esto se debe a que lo que
nuestros hermanos pecaron nos afecta directamente por el motivo que
mencionamos, ya que, si a uno le duele la muela, también afecta a los otros
órganos, es por ello que debemos reprender a los infractores y enseñarles a
transitar por la buena senda, pero es menester tener mucho cuidado en la
manera en que nos dirigimos a ellos, pues debemos tener éxito y no fracasar,
motivo por el cual es necesario hablarle en tono suave y amable21. Debemos también saber, que no
solo con la boca dictaminamos los juicios que a cada instante las
circunstancias de la vida nos ponen por delante, inclusive lo expresamos con
el pensamiento o una acción. Existía un hombre quién poseía
un fiel perro guardián. Cierto día, ese señor debe salir por unas horas y
deja a su pequeño hijo de dos años de edad solo con el animal. A su regreso,
a altas horas de la madrugada, halla la cama del niño vacía y llena de
sangre, corre al sitio donde se hallaba su can y aprecia que éste permanece
totalmente sofocado con su boca bañada en sangre. El dueño de casa comprende
inmediatamente la situación y golpea brutalmente con una piedra sobre la
cabeza del can, por lo que este pierde su vida. Más tarde, ¡Oh sorpresa!,
halla a su hijo llorando a unos metros de la casa, el hombre alza su rostro,
y un poco más allá, un peligroso lobo yace muy mal herido detrás de la casa,
en el patio. Ahora si, la auténtica verdad
llega a la mente de este individuo, el lobo pretendió atacar a la criatura
que seguramente dormía plácidamente, el fiel perro heroicamente hace frente a
la fiera con la que se trenza en feroz lucha, lo que permite al niño
aterrorizado huir hacia fuera. Comprendemos ahora por que debemos ser
circunspectos en el juicio que viene a nuestras manos a cada instante, pues
si nos apresuramos y dictaminamos la resolución antes de haber procesado y
digerido la causa como es debido, en ese caso ¿Quién puede devolver la vida
al perro?. Y así como al principio mencionamos lo que Rashi
explica, acerca del motivo por el cual la sección anterior a la nuestra, es
decir, Itró concluyó hablando del altar, e inmediatamente a continuación se
habla de las leyes, manifestando que es para enseñar, que el tribunal de
justicia debe estar junto al Santo Templo al lado del altar, del mismo modo
como están próximos en la Torá estos temas. Y ahora veremos la interpretación
que da Baal Haturim, a la proximidad de los temas que mencionó Rashi, este
sabio explica que precisamente esta sentencia promulgada por la Gran
Asamblea, la cual menciona que debemos ser circunspectos en el juicio, es una
enseñanza que se aprende del final de la sección semanal Itró, que es la
anterior a la nuestra, pues en ella versa: “y no subas en escalones a Mi
altar...”, y a continuación comienza nuestra sección semanal con “Estas son
las leyes que dispondrás delante de ellos”. Esto indica, que no subas escalones para resolver los juicios, es
decir, no te apresures, debes ir paso a paso, investigando e indagando hasta
estar seguro de la sentencia que promulgarás, esto es: debes ser circunspecto
en el juicio. 1 - Tratado talmúdico de Berajot 55ª. 2 - Tratado talmúdico de Eirubin 54b. 3 - Ialkut Shimoní (sección Pinjas 27) 4 - Comentario de Rashi al primer capítulo de
Pirkei Abot. 5 - Shmúel A 8:1 6 - Shmúel A 9: 1 y 13:1 7 - Shmúel A 17: 4 8 - Shmúel 17: 34 (explicado según Rashi - los
otros comentaristas divergen
con él en la cantidad de fieras que golpeó David). 9 - Shmúel B 5: 4 10 - Reyes 1: 3 11 - Comentario de Leb Melajim al versículo 12 - Reyes A 6: 1 13 - Dibrei Haiamim B 3: 1 14 - Reyes A 8: 14. 15 - Reyes A 8: 65. 16 - Introducción del Rab Pinjas Kahati a la
Mishná 1. 17 - Rashi en su comentario a la Mishná 18 - Guemará Sanhedrín 7b 19 - Job 1: 1 20 - Vaikrá 16: 1 21 - Basado en el libro "Taamei Haminhaguim", sección Iom Kipur. Este semanario fue impreso Leilui Nishmat Abraham ben June. Para dedicar próximas
ediciones a personas que ya no están en este mundo, y que se eleve su alma en mérito de la
difusión de las palabras de la Torá a través de este medio. O para personas enfermas, que necesitan sus
plegarias ser escuchadas, para recibir una pronta recuperación con la ayuda
de Hashem. O cualquier otro motivo por el que desean participar
en la edición de este semanario. Y también, para recibir informes sobre los cursos
que se dictan en Jerusalem sobre Torá: el Talmud, Perashat Hashabúa, Halajot
y demás, y participar de los mismos. Para cualquier pregunta y también para recibir este
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857221 “Hagudah Latinoamericana en
Israel” les desea que tengan un Shabat Shalom y esperamos reencontrarnos Di’s
mediante, la semana entrante.
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